Territorio

No se trata de digitalizar procesos, se trata de transformar el mundo

Enrique_La_Seu

Este es el mensaje que trasladó Enrique Santiago, Director de Empresas de Telefónica Cataluña, en la Trobada Empresarial al Pirineu, las jornadas anuales de carácter económico más relevantes de Cataluña que desde hace 28 ediciones organiza el grupo de empresarios leridanos.

El objetivo, según Santiago, es un mundo sostenible con empresas que lo tienen que hacer posible implementando los valores adecuados. Si analizamos los criterios que a lo largo de los años hemos utilizado para medir el desarrollo de la sociedad, veremos que en un  primer momento se trataba del consumo de proteínas por cápita; el acceso a la carne. En época de la revolución industrial el criterio se sofisticó en el consumo de energía eléctrica; hasta hace tres años nos medíamos por el acceso a internet y, hoy en día, por el acceso a la información: el mundo gira, afortunadamente, sobre el eje del conocimiento.

Dando forma a esta realidad, el perfil del actual consumidor de una empresa tecnológica es un adolescente informado que contrasta esta información y la comparte.

Sabemos, pues, que la empresa es capaz de satisfacer las necesidades que requiere este usuario. Pero si cambiamos el prisma y hacemos introspección, ¿podemos asegurar que también satisface la de aquellos que generan la producción? En los últimos años, todas las empresas han llevado a cabo una intensiva tecnificación y digitalización de procesos; los hemos hecho más rápidos, más eficientes, nos proporcionan más control y más información. Pero, ¿nos hemos digitalizado globalmente? Es cierto que la eficiencia y digitalización de los procesos es absolutamente deseable, pero no es en ningún caso el resultado de la digitalización de le empresa.

Para aterrizar esta idea y profundizar en ella, el directivo señaló que todos utilizamos herramientas de mensajería instantánea sin habernos leído el manual del usuario que, de hecho, no sabemos –ni nos hemos preguntado- si existe. Actualizamos semanalmente la última versión de estas herramientas cambiantes para el uso de las cuales no necesitamos formación previa alguna. Utilizamos sus nuevas funcionalidades de manera intuitiva, como si se tratara de un acto orgánico, instintivo.

Seamos valientes y apliquemos hipotéticamente esta misma situación a la empresa en un cambio de versión de cualquiera de los sistemas, programas o aplicaciones que los colaboradores utilizan para desarrollar sus tareas asignadas. Para conseguir una transición exitosa de una versión a la siguiente, debemos organizar una serie de formaciones, programas para la gestión del cambio del usuario e integración de esta nueva pieza en el resto del mundo de la empresa, olvidando que el operador que debe asumir este nuevo cambio es el mismo que utiliza las tan intuitivas herramientas de mensajería instantánea.

Si ofrecemos a los clientes apps sencillas y eficaces porque sabemos que así les facilitamos la actividad diaria, ¿por qué no lo hacemos también para nuestros colaboradores y trabajadores? Estamos a punto de vivir ese momento que nos obligará a hacerlo o a ver cómo nos abandonan. Si es cierto que tenemos perfil del cliente, también lo tenemos del colaborador, que quiere trasladar su opinión a la empresa para la que trabaja y que ésta valore su aportación: quiere contribuir al cambio formando parte del engranaje y nosotros debemos ofrecerle el mundo digital con el que está profundamente familiarizado como usuario que no se ha visto nunca con la necesidad de disponer de soporte técnico alguno.

La clave de la digitalización es situar al usuario en el centro de la tecnología que utiliza para trabajar, evitando caer en la búsqueda de un modelo que únicamente contemple eficiencia energética o alta productividad, que si es cierto que nos reducirá costes, acabará por hacernos pagar otros mucho mayores.

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